Psicóloga Clínica Alejandra Amador
Acerca del uso terapéutico de la autorrevelación del terapeuta: indicaciones y contraindicaciones.
Polémicas son las opiniones de los diversos modelos en Psicología acerca de la autorrevelación del terapeuta de algún tipo de información personal en psicoterapia. En la actualidad hay investigaciones que sustentan esta habilidad y mencionan que su efecto positivo depende en gran medida de la intención del terapeuta al compartir algo con un cliente, en todo caso: el objetivo siempre será el cliente y no el terapeuta. Por tanto, el fin de la siguiente investigación es aclarar el panorama acerca de lo que es la autorrevelación, de evaluar sus riesgos y posibles beneficios y otorgar algunas recomendaciones para tratar de evitar errores que perjudiquen al cliente y al proceso terapéutico.
Introducción
La autorrevelación del terapeuta es una habilidad que ha sido por muchos psicoterapeutas negada y criticada y por otros más utilizada, experimentada y que ha resultado enriquecedora para su labor terapéutica. A pesar de las diferentes oposiciones de las diversas corrientes psicológicas, a través de diversas investigaciones se ha demostrado que el uso de esta habilidad puede ser eficaz siempre y cuando el terapeuta tenga en mente que el objetivo de hacer una autorrevelación no es compartir algo personal y sentirse aliviado, sino que es ayudar al paciente. Es decir, el efecto debe ser terapéutico para el cliente y no para el terapeuta y esto probablemente es el punto crucial y de partida para decidir si una autorrevelación será favorable o no.
Es indispensable para los terapeutas que tengan presente que la autorrevelación conlleva ciertos riesgos y que debe pensarse cuáles serán las posibles consecuencias, tanto positivas como negativas, de que se comparte cierta información profesional o personal. Lo que se hace en terapia, una autorrevelación por ejemplo, será válido o no siempre y cuando tenga como fin el que el cliente pueda salir avante de la situación que afronta.
La autorrevelación del terapeuta
El término self-disclosure, traducido en el presente trabajo como autorrevelación es por primera vez utilizado por Ferenczi en el año de 1932, quién no sólo se limitó a hablar del concepto también experimentó con él dentro de su práctica clínica; desde su aparición el concepto ha sido objeto de múltiples críticas positivas y negativas en cuanto a su uso dentro del tratamiento psicoterapéutico, siendo el Psicoanálisis la corriente psicológica que más lo ha criticado y evaluado. (Sweezy, 2005).
Existen múltiples definiciones acerca de la autorrevelación del terapeuta pero para fines prácticos del presente trabajo retomaremos la definición de O´Hill y O´brien (2003) porque se considera que es una de las más completas que existen; ambos autores definen la autorrevelación como “la revelación de algo personal por parte del terapeuta” (p.223). Ambos aclaran que existen varios tipos de autorrevelación tales como la revelación de sentimientos, de experiencias inmediatas que suceden dentro de la relación terapéutica, de estrategias utilizadas por parte del terapeuta que les han sido útiles o de algunas experiencias en las que han logrado obtener insight acerca de lo que está sucediendo; sin embargo, hablar acerca de los diversos tipos de autorrevelación no es el objetivo de la presente investigación.
Como se mencionó desde que se utilizó por primera vez el término, éste ha sido objeto de múltiples debates que cuestionan su utilidad dentro del escenario psicoterapéutico. Esta enorme controversia tiene que ver con lo que cada modelo terapéutico propone acerca de lo que “debe ser” la figura del terapeuta dentro de la psicoterapia. En ese sentido, en un lado del extremo se tiene que para los analistas clásicos el uso de la autorrevelación puede ser una violación de los límites en terapia o incluso puede ser considerado como un grave error producto de un mal manejo de la contratransferencia (Barglow, 2005). Mientras que para otros modelos tales como el humanismo, algunas corrientes sistémicas, de corte familiar o breve, la autorrevelación ha sido utilizada cada vez más como un elemento que puede enriquecer el proceso terapéutico y puede ser muy favorable para los clientes La autorrevelación puede ser concebida o no como un factor que facilite el proceso o no dependiendo de la corriente psicológica propia de cada terapeuta. (Edwards, Carla, Murdock & Nancy, 1994).
Para los psicoanalistas clásicos, es esencial que el analista se presente como una persona “objetiva y neutral” y es claro para ellos que, la autorrevelación va en contra de esta aseveración ya que compartir cualquier clase de información personal con el paciente, aleja al analista de esa posición de neutralidad que se supone debiera mantener para poder ayudar al paciente con sus conflictos transferenciales (Sweezy, 2005). Hay terapeutas y analistas que piensan que la autorrevelación puede situar a los terapeutas en una posición no muy favorable en cuanto a su manejo de la situación terapéutica, es decir, los puede colocar en una posición asimétrica en donde terminen ocupando un lugar de no jerarquía y por tanto puedan perder el control del proceso terapéutico; también hay terapeutas que consideran que el buen y hasta espontáneo uso de la autorrevelación puede contribuir a que se forme una relación basada en la empatía y de esta forma se pueda dar un proceso exitoso debido a que terapeuta y cliente desarrollan una relación en donde se fomenta el compromiso mutuo. (Goldstein, 1997).
¿Cuál es el objetivo de la autorrevelación?
Mucho se ha dicho acerca del error en el que puede caer el terapeuta al revelar cierta información personal al cliente pero después de toda esta controversia, quizás la pregunta más importante es ¿por qué ha de revelar un terapeuta algo a su cliente? ¿Cuál es el objetivo? Parece entonces necesario definir, lejos de si es apropiado o no para cierta corriente, si la autorrevelación es un elemento útil que puede beneficiar a los clientes y por ende al proceso terapéutico o si este conlleva más riesgos y pocos beneficios y por tanto no debe ser un elemento que dentro del tratamiento terapéutico figure.
En ese sentido, O´brien y Hill (2003) argumentan que utilizada de una forma correcta la autorrevelación puede ser una forma eficaz de ayudar a los clientes cuando éstos se encuentran “atorados” en alguna situación. Mencionan que entre las intenciones del terapeuta al hacer una autorrevelación se encuentran el que el cliente pueda obtener el insight acerca de cierta situación, que pueda percibir la situación de una forma menos amenazante, para ayudarlos y poder lidiar con su resistencia, para promover su participación en la terapia, para fomentar una relación más cercana en donde el cliente pueda observar al terapeuta como una “persona real” y algunos incluso utilizan la autorrevelación como una forma de confrontar al cliente. Sin embargo, también mencionan que uno de los objetivos al hacer uso del self disclosure puede tener que ver con la satisfacción de las necesidades propias del terapeuta y aquí no se estaría hablando de un objetivo terapéutico más bien sería un objetivo e intención personales por parte del terapeuta quien desea satisfacer sus necesidades a través de la terapia. Es ahí donde los psicoanalistas forjan su mayor argumento en contra del uso de la autorrevelación ya que como menciona Goldestein (1997) si el terapeuta está experimentando problemas con el cliente/paciente está generando en él fuertes sentimientos contratransferenciales, puede ser muy probable que esta autorrevelación tenga más bien como objetivo que el terapeuta satisfaga “necesidades arcaicas o recurrentes” .
Aportaciones a la psicoterapia: el uso terapéutico de la autorrevelación.
Toda intervención terapéutica tendría que tener por objetivo uno solo y ese es la búsqueda del beneficio del cliente. Los diversos modelos y corrientes psicológicas trabajan bajo diferencias muy específicas y delimitadas pero bajo el supuesto de que su praxis tiene como último y más importante fin ayudar al cliente/paciente a tener una mejor calidad de vida, sea lo que eso implique para él/ella. En ese sentido, muchos son los debates acerca de cuáles son las mejores herramientas, técnicas o intervenciones para poder lograr eso; entre esta polémica se encuentra el uso y desuso de la autorrevelación. Por ello es que, independientemente del modelo terapéutico del que se sea partidario, es necesario hablar de cómo lograr que esta intervención sea eficaz, cómo hacer de este elemento algo útil primera y primordialmente para el cliente. Es claro, que para toda situación dentro del escenario terapéutico no pueden haber guiones exactos de cómo hacer o utilizar algo, debido a la complejidad y unicidad de cada caso; sin embargo, parece útil proponer a continuación algunas “claves” para que los terapeutas, si se deciden a usar la autorrevelación como parte del tratamiento terapéutico, puedan hacerlo de una mejor forma.
En ese sentido, se retoma lo que argumenta Roberts (2005) acerca de qué puede un terapeuta preguntarse antes de hacer una autorrevelación que se piensa que puede ser de ayuda para los clientes; en primer lugar el terapeuta puede cuestionarse si considera que esa información verdaderamente aportará algo “nuevo” a los clientes que pueda ayudarlos, ¿esto afectará la relación, la cambiará? Si así es, ¿en qué sentido lo hará? ¿Qué beneficios o desventajas tendrá ese cambio? ¿Servirá el que se comparta un sentimiento de vulnerabilidad entre el cliente y terapeuta?
En ese orden de ideas, cuando se hace una autorrevelación a una familia por ejemplo, el terapeuta debe estar pendiente y mantener una postura receptiva a la retroalimentación que la familia dé después de haberles compartido algo. Es decir, el psicoterapeuta debe estar atento a como esa autorrevelación ha impactado en cada uno de los miembros y como ésta ha afectado sus alianzas con cada uno de ellos. Lo importante no es que el terapeuta se quede atrapado en las emociones que esta autorrevelación le ha generado sino que pueda leer tanto en la conducta verbal como en la no verbal de cada miembro de la familia, los efectos de ese self-disclosure. Cada autorrevelación puede contener elementos que sean potencialmente benéficos o dañinos por ello, es indispensable que se verifiquen los efectos de esta intervención (Roberts, 2005).
Por otra parte, entre otra de las recomendaciones que hace Roberts (2005), se encuentra la de tener en cuenta el contexto en el que se hace la autorrevelación. En ese sentido, menciona que el terapeuta debe tener en cuenta en dónde está trabajando y los posibles límites de cada lugar en el que ejerce su práctica clínica. Es decir, el terapeuta que se encuentra en su consultorio privado tiene mayor libertad para decidir sí hacer una autorrevelación o no. Puede decidir por sí mismo cual es el objetivo de esa autorrevelación y si lo considera importante lo hará; sin embargo, hay otros lugares de trabajo en donde existen reglas explícitas acerca de la información que se comparte con los clientes. Si el terapeuta practica por ejemplo en alguna institución pública o privada, seguramente habrá reglas a las que se tenga que alinear y algunas de ellas pueden tener que ver con el hecho de si se puede compartir información personal o no y más aún es necesario tener en cuenta si es apropiado compartir esa información.
La autorrevelación puede tener diferentes efectos, entre los cuales ya se ha hablado de algunos negativos, tales como posicionar al terapeuta como el centro de la terapia y quitar el foco de atención del cliente, puede simplemente tener un efecto nulo en el cliente y en el proceso. Sin embargo, el poder manejar de manera adecuada esta habilidad dentro del proceso terapéutico supone que los clientes puedan sentirse apoyados, entendidos, aliviados, que creen nuevas perspectivas, que puedan moverse del lugar de donde se encuentran, puedan sentirse esperanzados, puedan tener un insight acerca de su problemática, puedan comenzar a reflexionar más profundamente, entre otras más (Hill & O´brien, 2003). Al hablar de todas estas reacciones positivas esto supondrá entonces un efecto en la relación terapéutica la cual podrá sentar sus bases en una sensación compartida de empatía y sin duda esto favorecerá la alianza terapéutica.
Discusión
La autorrevelación por parte del terapeuta es y seguirá siendo un tema polémico dentro del encuentro terapéutico. Se ha visto hasta ahora que hay corrientes que se niegan rotundamente, tales como el Psicoanálisis clásico, a su uso y otros que lo promueven como una intervención que puede ayudar al cliente y al proceso terapéutico.
Sin embargo, bien es sabido que todas las corrientes psicológicas han avanzado desde su aparición y que cada una de ellas se ha renovado en ciertos aspectos de su teoría. En ese sentido, han comenzado a haber cada vez más psicoanalistas que se interesan por investigar la autorrevelación como una posible opción a utilizar dentro del proceso terapéutico. En esa línea, Tillman (1998) hace una investigación acerca del revelar o no las creencias religiosas de un terapeuta desde un modelo psicodinámico, menciona los riesgos y posibles beneficios de hacer esto pero también argumenta que un terapeuta en ocasiones podrá revelar más o menos información según piense que le convendrá al paciente y a la relación o no. Dentro de sus recomendaciones está el que el terapeuta pueda evaluar la capacidad del cliente de saber qué hacer con esa autorrevelación, que a su vez también esté al tanto de los asuntos transferenciales y que mantenga también una especial atención en su contratransferencia. En general, menciona que el analista debe pensar muy bien en revelar información al paciente pero menciona que no es que no deba de hacerlo, como supondría el Psicoanálisis clásico, más bien debe tener en mente lo complejo de esta situación ya que implica un análisis profundo de las necesidades del paciente, de la relación terapéutica y de los efectos que esto pueda tener en ambos.
En ese sentido, un punto clave al hablar de autorrevelación tiene que ver con el hecho de tener claro cuál es el objetivo de ésta dentro del encuentro terapéutico. Es necesario considerar que si el terapeuta está descubriendo algo ante un cliente sólo por una necesidad suya, el cliente podrá terminar siendo el terapeuta del terapeuta.
Por tanto, se dieron algunas recomendaciones para poder tener claro el objetivo de la revelación y también se propusieron preguntas que pueden ayudar al terapeuta a clarificar su intención. Es fundamental que el psicoterapeuta pueda hacer un balance entre los pros y contras de revelar cierta información al cliente; cómo esto podrá favorecer o no al cliente y a su problemática y también que impacto tendrá este tipo de intervención en la relación terapéutica. Sí en el análisis y balance de esto resulta que el terapeuta decide que esto puede ayudar al cliente, entonces sí podrá ser valido utilizar este tipo de intervenciones.
En general, la autorrevelación también posee la enorme cualidad de mostrarles a los clientes que no sólo ellos han pasado por eso que les sucede y que puede haber respuestas y soluciones para su problema (Hill y O´brien, 2003).
Asimismo, el terapeuta debe siempre monitorear la reacción que el cliente tuvo frente a cierta revelación. Puede ser que el efecto sea nulo y no suceda nada con el cliente y éste no lo retome, puede ser como ya se dijo que el cliente se vuelva terapeuta o pueden haber reacciones muy favorables como las anteriormente mencionadas, pero uno de los objetivos principales de la labor terapéutica es que el terapeuta pueda enmendar el camino sí es que se ha equivocado o que pueda seguir construyendo sobre esa misma senda, si es que se ha dado cuenta que eso ha funcionado, para así lograr llegar a donde el cliente quiera llegar.
La autorrevelación puede ser una habilidad utilizada por cualquier terapeuta y la calidad de ésta, el poder calificarla como positiva o negativa, no depende del modelo terapéutico desde el que se analiza, sino de los efectos que esta ha tenido sobre el cliente, el proceso y la relación terapéutica. Puede ser una intervención que enriquezca, guíe y ayude al cliente siempre y cuando esa sea la intención primera del terapeuta quien ha decidido hacerla. Nuestro objetivo común debe ser el bienestar del cliente, independientemente del modelo psicológico que practiquemos, nuestros esfuerzos deben estar dirigidos hacia allá y la autorrevelación puede ser una de las medios que nos permitan acercarnos a ese lugar.
Referencias
Hill, C. & O´brien, K. (2003). Hill, E. C. & O´brien, K. M (2003). Helping skills. Facilitating Exploration, Insight, and Action. (7ª. Ed.). Washington, D.C.: American Psychological Association.
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Sweezy, M. (2005). Not Confidential: Therapist Considerations in Self- Disclosure. [Vsersión electrónica], Smith College Studies in Social Work, 75,1, 91-91. Recuperado el 1 de de agosto de 2010 de, http://proquest.umi.com/pqdweb?did=1061959431&Fmt=3&clientId=67230&RQT=309&VName=PQD
Roberts, J. (2005). Transparency and Self- Disclosure 1 in Family Therapy: Dangers and Possibilities. [Versión electrónica], Family Process, 44,1, 45-63. Recuperado el 1 de agosto de 2010 de, http://proquest.umi.com/pqdweb?did=810928731&Fmt=4&clientId=67230&RQT=309&VName=PQD
Barglow, P. (2005). Self- Disclosure in Psychotherapy. [Versión electrónica], American Journal of Psychoterapy, 59,2, 83-99. Recuperado el 1 de agosto de 2010, de http://proquest.umi.com/pqdweb?did=989446411&Fmt=4&clientId=67230&RQT=309&VName=PQD